Derecho de petición, entre otras cosas sobre el tradicional guineo.

Right Next, on The Pasquin Nius, traemos a nuestra distinguida clientela un curioso derecho de petición que fue interpuesto en dÃas pasados ante la rectorÃa del chuzo que no convoca (léase La nacho). Seguramente encomenado por un ánima bendita aaprecida en sueños, o porque definitivamente no tiene gran cosa que hacer, el estudiante de sociologÃa que elevó tan imperativo derecho constitucional a que es acreedor por el solo hecho de haber nacido en Colombia tuvo la mala fortuna de ocurrÃrsele rebotar el derecho a varias direcciones electrónicas. Y asÃ, de un lado pa' otro llegó a nuestro correo. No es polÃtica oficial del pasquÃn publicar cosas bajadas del internes u correos en cadena, pero dado que en la güeb podemos poner lo que se nos venga en gana, pues nomás copiamos y pegamos el texto sn su totalidad pa' que el pueblo se instruiga sobre aquellas formas poco formales con que es posible ser un leguleyo en la vida. Que conste en el acta que esta mal visto, estimado estudiante de sociologÃa, reenviar cosas a nombre propio para darse un baño de popularidá. La modestia por encima y de lante de todo.
Señor Rector
MOISES WASERMAN
Universidad Nacional de Colombia.
REF: DERECHO DE PETICIÓN.
Muy Buenas.
Ya dijeran los responsables de Cristo en la tierra que “misteriosos son los caminos que tiene el señorâ€�. No se otra forma puedo explicarme, a pesar de mi ateismo confeso, que en recientes dÃas me hayan sucedido una serie de insucesos en las entradas (porterÃas) del alma mater, tanto el las sedes de Bogotá como en la de MedellÃn. Situaciones que a mi parecer hablan mal de la institución y sus órganos directivos, toda vez que la Universidad como espacio del saber, el conocimiento, la pluralidad y la tolerancia, valores y virtudes que el Señor Rector no ha dudado en reivindicar últimamente, quedan mal paradas y pierden toda validez a manos de esos hampones de uniforme que ofician como celadores en las porterÃas y algunos edificios de de la universidad. Llama la atención cómo el prestigio de la Universidad Nacional dista mucho, y es inversamente proporcional, a las cualidades y calidades humanas de quienes tiene la responsabilidad de ofrecer la primera impresión que nos llevamos los miembros de la comunidad académica y visitantes en general.
Como cualquier celador de nuestra querida patria, los nuestros no solo se creen los dueños de la Universidad sino que asumen para sà una serie de estrategias pedagógicas, algo revaluadas por expertos psicólogos, para imponer su arbitraria voluntad en las entradas de la universidad, a saber: la amenaza, el puño, la patada, el empujonaso, la intimidación, el insulto, entre otras perlas. De ellos depende quien entra o quien no a una Universidad que, corrÃjame si me equivoco señor rector, es pública. Y de ellos depende quien entra en buenos términos o quien, como ha sido mi caso, por su apariencia fÃsica merece que le cierren la reja en la cara, de pronto un empujoncito o a lo mejor alguna superflua advertencia intimidatoria: “espérese a la salidaâ€�. No sabÃa, Señor Rector, que para la Universidad Nacional represente un pecado, o como en el colegio en el que tuve la desgracia e infortunio de estudiar, una falta “contra las normas de convivenciaâ€� tener el pelo largo. Soy mechudo porque se me de la gana desde cuando se medio la gana, pero esta parece ser una condición prescrita en la Universidad, pues no de otra forma me explico que aquellos hombres que tenemos el pelo largo se nos cierre la reja en la cara para increparnos quiénes somos, pa’ dónde vamos, y que luego de los reclamos respectivos seamos vilipendiados con insultos de orden sexual y escatológico que no viene al caso. El comportamiento empeora entre mas avanzada se encuentren las horas de la tarde.
Ahora bien, aunque el entrañable comandante, sacerdote, ex-capellán de nuestra universidad y compañero Camilo Torres sentenciase alguna vez que “las vÃas legales se han agotadoâ€� me parece que aun podemos encontrar algún atisbo de institucionalidad para superar las situaciones que he experimentado recientemente. Por ello recurro a la bella estrategia del “derecho de peticiónâ€�, derecho constitucional que garantiza pronta respuesta de los funcionarios públicos a inquietudes que, como las mÃas, asà lo merecen.
Por lo tanto y sin más rodeos para no aburrir al señor rector, sÃrvase vuestra excelencia a tomar las siguientes medidas, si asà lo considerase pertinente, y sÃrvase responder las siguientes preguntas:
La primera: Quiero que este derecho de petición sea leÃdo por el señor rector y contestado por él en su puño y tecla. No entiendo por qué cuando se eleva un derecho de petición siempre lo responde un aburrido funcionario de la oficina jurÃdica, luego firmado por un mando medio. Si lo dirijo al señor rector no es para quitarle el valioso tiempo que deberÃa estar invirtiendo en, por ejemplo, abrir caminos de diálogo y discusión para que la reforma universitaria sea una reforma discutida y no impuesta a los portazos como lo hizo la administración pasada. Si lo dirijo al señor rector es porque quiero respuestas oficiales que, dado el caso, redunden en acciones oficiales. No solo manifiestos de buena energÃa que se encargan de ver qué se puede hacer.
2. De la manera mas humilde solicito al señor rector me explique porque yo, un ciudadano de bien, sociólogo egresado de esta universidad con todos los honores, al intentar ingresar a la sede MedellÃn el pasado 6 de septiembre me fue impedido el acceso presentando el carnet bibliotecario de egresado, único documento que me certifica como egresado pues la Facultad de Ciencias Humanas no elabora este tipo de artilugios. Según las atentas celadoras mi carnet debÃa ser “retenidoâ€�. Considerando esto un insulto mayor, me abstuve de dejar mi carnet en tan viles manos y cesé en mis intenciones de ingresar a la versión paisa del alma mater. ¿El negar acceso a los egresados en otras sedes es una polÃtica institucional?
3. Solicito de la manera mas humilde al Señor Rector me explique por qué en la sede MedellÃn se exige de manera ilegal dejar un documento en las porterÃas a aquellas personas que, incluso aun siendo egresadas del alma mater (como yo), no cuenten con un carnet que los acrediten como estudiantes si la LEY 962 DE 2005 (JULIO 8) en su ArtÃculo 23, consigna literalmente la “Prohibición de retener documentosâ€� ordenando de manera tajante y expedita, como suele ser caracterÃstico e la legislación colombiana, y dejando poco espacio para las ambigüedades, la "Prohibición de retener documentosâ€�, donde, según la ley, “ninguna autoridad podrá retener la cédula de ciudadanÃa, la cédula de extranjerÃa, el pasaporte, la licencia de conducción, el pasado judicial, la libreta militar, o cualquier otro documento de las personas. Si se exige la identificación de una persona, ella cumplirá la obligación mediante la exhibición del correspondiente documento. Queda prohibido retenerlos para ingresar a cualquier dependencia pública o privada".
4. Si el excelentÃsimo señor rector lo considera pertinente, le sugiero ordene de inmediato el cese de la práctica antes descrita y termine de una buena y santa vez por todas la exigencia de retener ilegalmente documentos en las porterÃas de todas las sedes de la Universidad Nacional de Colombia. De igual forma, y lamento pecar de abusivo, solicito al señor rector ilustre a los ciudadanos y ciudadanas la decisión que tomará a raÃz de este modesto derecho de petición, publicando en todas las entradas de todas las sedes de la Universidad Nacional el derecho que tenemos todos y todas a entrar a predios públicos sin que nos sean secuestrados nuestros documentos. O de lo contrario explicando y argumentando a los ciudadanos y ciudadanas por qué la Universidad Nacional, “la conciencia crÃtica de la naciónâ€�, obra de manera ilegal a capricho de las razones allà expuestas por vuestra excelencia.
5. SolicÃtole al Señor Rector de la manera mas formal, explique a la comunidad universitaria publicando en las entradas y porterÃas del Alma Mater qué tipo de elementos pueden o no ser ingresados al campus, bajo que supuestos y amparados en cuál resolución. Para todos nosotros, prestantes miembros de la Comunidad académica, es claro, sin qué sepamos que ordenanza, decreto u acto administrativo o como quiera se llame la orden, que al ingresar al campus es necesario registrar elementos de uso y robo frecuente: computadores, proyectores, cámaras… (a todas estas, Señor Rector, y que pena lo intenso: ¿me podrÃa ofrecer una copia de la ordenanza, decreto u acto administrativo o como quiera se llame, la orden que exige registrar los elementos antes descritos que entren al campus? ¿Con qué propósito lo hacen? ¿Si es para evitar el robo de los artÃculos propios de la Universidad no deberÃa también exigirse el registro de “tractoresâ€�, pues por todos es recordado el robo de un tractor en tiempos recientes?).
La anterior solicitud es para tener claridad qué cosas se pueden entrar y qué cosas no, pues fui testigo de la forma tan poco caballeresca con que unos celadores en la entrada de la 26 impidieron a una estudiante ingresar un racimo de plátanos. Mas tarde un amplio número de estudiantes permitieron la entrada y escoltaron a la estudiante y su racimo a su lugar de destino. ¿Acaso el plátano esta proscrito? Solicito al señor rector me permita ver el decreto mediante el cual el CSU prohÃbe el ingreso del tradicional guineo a la universidad. Me pregunto: ¿también se prohÃbe el ingreso de tubérculos, hortalizas, verduras y demás viandas que la madre naturaleza nos ofrece? No deja de parecer curioso que una institución que se presume universitaria y pública no solo sea incapaz de satisfacer las necesidades alimenticias de sus estudiantes por medio de cafeterÃas públicas (un estandar internacional que siguen las mas prestigiosas universidades del mundo, aquellas universidades que tanto añoraba nuestro ex-rector Marco Palacios), sino que además ha hecho de la alimentación un negocio privado mediante el cual se lucran particulares, y aún mas aberrante: que la institución universitaria proscriba polÃticas de autogestión alimentarÃa prohibiendo el ingreso de alimentos a las entradas, como lo es el nutritivo plátano. Que asado o frito, en sopa o crudo cuando esta maduro resulta harto delicioso. Y alimenticio. En lo personal me gusta maduro y frito.
Ahora bien: extiendo una atenta invitación al señor rector a que discutamos las polÃticas de bienestar un medio dÃa de estos cuando su agenda se lo permita mientras comemos las viandas propias de la “Olla Comunitariaâ€�, previa colaboración a l@s compañero@s que la organizan aquel dÃa, puesto que si uno no ayuda entonces hay que dar algo de plata. Pero no se preocupe, que conste por escrito que si no le alcanza el tiempo para pelar papas y picar cebolla, o buscar leña y prender el fogón, yo lo invito. A veces a muchos no nos alcanza para pagar uno de los carÃsimos almuerzos que se venden en la Univesidad pero siempre uno encuentra pro ahà monedas para colaborar con “La ollaâ€�. Sin dueño y sin cliente, se dicen ellos. Y es cierto. Y cocinan rico. Mejor serÃan cafeterÃas públicas, pero no siendo mas pÃdole al señor rector me confirme su disposición o no para acompañarme un dÃa de estos en la Olla.
Volviendo al punto: SerÃa conveniente que el señor rector nos dejara saber qué cosas, elementos y alimentos podemos o no entrar a la universidad y por qué.
6. Sugiérole al señor rector contratar el servicio experto de veterinarios para que acompañen a los diligentes celadores en las porterÃas de la universidad y asà puedan constatar cuándo el ingreso de una mascota, que se dirige al hospital de pequeños animales, se trata de una emergencia o no. Los señores celadores serán versados en temas relativos al amedrantamiento y la esculcadera inocua, pero en cuanto a salud animal dejan mucho que desear. Dicen que esta prohibido el ingreso de mascotas y al explicárseles que el animalito se dirige al hospital llaman a confirmar la cita previa, que cuando no hay cita es porque hay emergencia. Aún asà solicito al señor rector copia del acto administrativo mediante el cual se prohÃbe el ingreso de mascotas al campus y su argumentación. Ahora que lo pienso, solicito al señor rector destine gente versada con eso que la abuela de uno decÃa era “el don de gentesâ€� para ofrecer información, guiar a los visitantes a los recónditos parajes que nuestra Universidad encierra, y recibirnos a todos con una sonrisa, un buenos dÃas y no el insulto connatural de lo señores celadores a flor de piel.
7. Por último, y me excuso el abusar del señor rector, le solicito me aclare si los malos tratos a que nos vemos sujetos de parte de la celudarÃa privada es polÃtica institucional de aconductamiento para enseñar a los miembros de la comunidad universitaria el respeto al orden y la autoridad armada, o si éstos son tan solo una serie de reiterativos hechos aislados. ¿No ha sido informado el señor rector de las amenazas, golpes e intimidación a que son sujetos muchos estudiantes de esa universidad de parte de los celadores? DeberÃa el señor rector ponerse al tanto.
8. Bonnus track: Señor rector: ¿Tiene su administración algún problema con los hombres de pelo largo? ¿Por qué los abusos de los celadores para quienes tenemos el pelo largo? ¿Por qué entrar a la Universidad después de las cinco de la tarde es tan complicado y para nosotros los mechudos, imposible?
Perdone usted la mala ortografÃa de mis lÃneas, y espero confÃe en la buena voluntad de las mismas.
Le deseo éxito en sus gestiones y en su intento de quedar bien con todo el mundo…
(firma el baboso que lo redactó)

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